Nos encontramos a 75 días del proceso electoral municipal y regional, en el que los/las candidatos/as han inscrito sus listas ante el JNE y se ha firmado el Pacto Ético Electoral, que promueve un debate alturado de los planes de gobierno. Más de 14 mil listas han sido inscritas, superando la cifra de las elecciones del 2006. Según se ha informado, las organizaciones políticas han cumplido con la cuota de género, presentando, en algunos casos, listas paritarias de hombres y mujeres.
No obstante, ya se conocen casos en los que las mujeres son colocadas solo por cumplir la norma, son familiares cercanos, o las cuestiones referidas a aspectos personales dominan la escena electoral en vez de propuestas y planes de gobierno local o regional.
En este contexto, no debemos perder de vista que además de las consideraciones formales que nos exigen las leyes, se requiere de acuerdos mínimos para no caer en los desaciertos de anteriores procesos. El proceso electoral es una oportunidad para poner sobre el tapete problemas que requieren grandes soluciones; presentar con claridad, realismo y transparencia los planes de gobierno, practicar una pedagogía democrática que promueva un pensamiento crítico, que escuche y analice las propuestas presentadas y no el clientelismo.
Recientemente, una mujer de Puno nos comentaba que uno de los candidatos locales les había dicho “yo sabré por quién vas a votar” mientras les “regalaba” productos promocionales de su campaña electoral. En pleno siglo XXI y con toda la experiencia que tiene el Perú respecto de estas historias de favores políticos, ya es tiempo que se garantice el derecho de toda la población, sin exclusiones, a la libertad de elegir con reglas claras y transparentes.
La ciudadanía debe formar parte activa del proceso electoral y tomar conciencia de un compromiso conjunto para el Perú. A su vez, una campaña electoral basada en propuestas para el desarrollo integral de nuestros pueblos, la descentralización del debate, y la comunicación de planes y programas de gobierno deben ser los insumos centrales para una toma de decisiones en la cual podamos aspirar realmente a una vida democrática que participe de un futuro sin discriminación y con equidad.
Un primer acuerdo básico, al alcance de todos, puede ser, por ejemplo, evitar el llenado de calles con propaganda electoral que no solo afecta la limpieza de las ciudades, sino produce contaminación visual, incrementa los accidentes de tránsito y afea el ornato de la ciudad. De nosotros/as depende elegir buenos gobernantes.
Fuente: La República, 22 de julio de 2010 |