
La violencia sexual tiene un efecto devastador en las diferentes dimensiones de la existencia de las mujeres: daña su salud física y mental, impacta negativamente en su integridad, menoscaba su autoestima y sus sentimientos de seguridad personal y afecta seriamente sus proyectos de vida.
Un embarazo no deseado producto de una violación sexual, por lo general, termina en un aborto, poniendo en riesgo la vida de las mujeres, más aún si se trata de las adolescentes. En ellas, esto tiene un efecto especialmente perjudicial en su salud física y mental, puesto que están en pleno proceso de crecimiento y desarrollo, y por lo tanto, se encuentran poco preparadas para asumir una maternidad obligada, poniendo en riesgo su salud y retrasando sus proyectos futuros.
También debe considerarse el riesgo de que contraigan infecciones de transmisión sexual, de que sufran lesiones y problemas ginecológicos y de que sean vulnerables a enfermedades o problemas graves de salud que merman su tiempo de existencia sana.
Los efectos sobre la salud mental incluyen casos de depresión, ansiedad, baja autoestima, disfunción sexual, problemas de alimentación, trastorno por estrés traumático, uso y abuso de drogas.